
Cerró el Hotel Covadonga: deudas, recesión y competencia desleal
ChacoWebEl Hotel Covadonga, uno de los establecimientos más emblemáticos de Resistencia, cerró sus puertas ayer, luego de 74 años de trayectoria, en una decisión que sacudió al sector hotelero y volvió a poner en debate la fragilidad de una actividad golpeada desde hace años.
Ubicado en la esquina de Güemes y Brown, en pleno microcentro, el histórico edificio bajó sus persianas por última vez en medio de negociaciones con su personal, un deterioro económico prolongado y un escenario que, según referentes gremiales y empresarios, se volvió cada vez más difícil de sostener.
Un cierre atravesado por viejos conflictos
Mientras el hotel dejó de operar, la principal urgencia pasa ahora por la situación de sus trabajadores. El secretario general de Uthgra Chaco, Walter Ábalos, confirmó que el personal se encuentra "en pleno proceso de acuerdo" con la empresa, en conversaciones personalizadas según la necesidad de cada empleado y bajo intervención legal.
Ábalos también reveló que existe una deuda con el gremio que debe ser saldada antes de cerrar completamente. Pero además dejó entrever que los dueños ya venían con intención de vender el inmueble y que la administración arrastraba dificultades "desde antes de la pandemia", con antecedentes de pagos parciales, tensiones laborales y una gestión "precaria" en el vínculo con el personal.
Recesión, costos y baja ocupación
Desde la Asociación de Hoteleros del Chaco, el cierre fue leído como una señal de alarma para todo el rubro. Su presidente, Matías Raffart, admitió que la noticia fue un golpe para una actividad que ya venía en retroceso y que hoy sobrevive con márgenes cada vez más ajustados. La hotelería formal, explicó, viene perdiendo terreno por varios frentes a la vez: menos empresas envían viajantes, cayó el movimiento corporativo, hay menos eventos que sostengan ocupación y la recuperación económica que el sector esperaba todavía no termina de llegar.
En la misma línea, el vicepresidente de la entidad, Daniel Bertonazzi, remarcó que la crisis no puede explicarse solo por una decisión empresarial puntual. Según describió, la pandemia dejó al sector con endeudamiento y problemas financieros severos, a lo que se sumaron luego la inflación de los últimos años, el aumento de costos operativos y una política de ajuste que, afirmó, golpeó de lleno el poder adquisitivo y la actividad comercial. Para el dirigente, el Covadonga terminó siendo uno de los casos más visibles de una estructura que ya venía muy debilitada y que todavía no logró recomponerse.
Un futuro incierto
Tanto Raffart como Bertonazzi hicieron especial hincapié en lo que consideran una competencia desleal por parte de los alojamientos temporarios ofrecidos a través de plataformas digitales. Ambos señalaron que ese universo viene creciendo con fuerza en Resistencia, presionando hacia abajo las tarifas de los hoteles formales y compitiendo sin las mismas exigencias impositivas, laborales, sanitarias y de seguridad.
La preocupación excede al Covadonga y también mira hacia adelante. Con la Bienal de Esculturas en el horizonte y con una capacidad hotelera formal cada vez más ajustada, en el sector temen que el cierre de establecimientos históricos termine afectando también la capacidad receptiva de la ciudad.
Mientras tanto, sobre el destino del edificio circulan versiones, rumores y trascendidos que nadie de la familia propietaria confirma.
74 años de memoria chaqueña
El adiós a un clásico de Resistencia
La última conferencia de prensa en el Hotel Covadonga se dio el lunes 30 de marzo y tuvo la escena final de una película triste. En uno de sus salones, el abogado Sebastián Ferreyra Negri expuso el alcance de un fallo del Superior Tribunal de Justicia sobre la cobertura de salud para pacientes con discapacidad. Pero apenas terminó la ronda de declaraciones, ocurrió una imagen que hoy parece cargada de simbolismo: se cortó la luz. Un apagón breve, casual o no, que quedó flotando como una metáfora cruel en el mismo lugar donde, durante décadas, se encendieron anuncios, debates, candidaturas, reuniones políticas y parte de la vida pública chaqueña.
La familia Peláez, histórica propietaria del establecimiento, convirtió esa esquina en un punto neurálgico de la capital chaqueña, visita obligada de la dirigencia, de los artistas y de quienes llegaban a Resistencia buscando alojamiento, referencia o encuentro. En sus mesas se cerraban conversaciones políticas, se discutían candidaturas, se tejían alianzas y se recibía a figuras de paso por la ciudad.
Ubicado a pocos minutos de la Casa de las Culturas, del microcentro y de sitios emblemáticos como la Catedral, el Museo del Hombre Chaqueño, el Fogón de los Arrieros y la Plaza España, el hotel fue también una pieza estratégica del circuito urbano y cultural de la ciudad.
Con más de 250 plazas y cerca de 30 trabajadores, supo ser uno de los pilares de la hotelería formal en Resistencia. En especial durante la década del 90, arrastró una reputación de confort, movimiento y cierta elegancia provincial. Pero también dejó marcas más populares: su restaurante, el paso de artistas y el recuerdo entrañable de su chef, el célebre "Gordo" del Covadonga, personaje querido de los corsos, donde supo ser elegido como Rey Momo.
Con el cierre también se apaga una historia familiar. La muerte de los hermanos Peláez, de sus respectivas esposas y de una de las hijas de la familia fue vaciando de presencia y continuidad a una administración profundamente ligada a un apellido y a una época. Lo que desaparece no es solo un hotel, sino una parte de la memoria urbana de Resistencia.



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